Una ceremonia de campeonato

Cuando Carlos Fuente, en su condición de responsable del protocolo de la ceremonia de entrega de premios Príncipe de Asturias, trazó y diseñó la escenografía y configuración final de la puesta en escena de aquella, a medida que iba conformando cada movimiento protocolario, a buen seguro tenía muy claro cómo quería que repercutiese mediáticamente…

Todo buen profesional del protocolo se plantea esta premisa de antemano a la hora de diseñar el ceremonial de un evento. Y Carlos, evidentemente, como maestro en la materia, además de “padre” de esta ceremonia de gran prestigio internacional, establece una escenificación milimétrica, sin apenas margen para la improvisación… De esta manera siempre se asegura un altísimo porcentaje del éxito de la organización.

Pero claro, a veces suceden cosas que, aunque las intuyes… acaban sucediendo y en ese momento son irrefrenables, precisamente porque acontecen en pleno escenario y ceremonia y poco o nada puede hacer el director de protocolo de la misma.

Así lo hemos vivido en la pasada entrega de premios antes mencionada cuando de “motu propio” Vicente del Bosque, tras recoger el premio concedido a la selección española de fútbol por haberse proclamado campeona del mundo, se acercó hasta el lugar del escenario donde estaban otros invitados de honor, e invitó al anterior seleccionador, Luis Aragonés y el presidente de la RFEF, Villar, a que compartiesen con él y los jugadores allí presentes, la ovación del público que llenaba el Teatro Campoamor. Digamos que así, “improvisó” este movimiento protocolario ritual de ofrecer el premio.

Como se dice en estos casos, “rompió el protocolo”. Lo hizo quizás con la licencia que le da representar a un grupo de deportistas que este año han dado todas las alegrías y amor a los colores rojo y gualdo que nos faltan muchas otras veces por mor de circunstancias externas que condicionan nuestra vida. Fue poco protocolario, pero plasmó la otra imagen desenfadada de la ceremonia.

Nos imaginamos que Carlos sonrió. Quizás con el mismo rictus que ponía el responsable de protocolo del Nobel en la película “El Premio” que protagonizaba Paul Newman. Claro que Vicente del Bosque tampoco es Newman.

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