¿Qué es lo que tienen en común los Goya y los Max? Una buena historia. Da igual el formato, ya sea cine o teatro, si la historia es buena, engancha.
La irrupción en el mundo del COVID-19 ha transformado nuestra realidad a la cual debemos adaptarnos para no sucumbir. Y el protocolo no iba a ser menos.
En las Jornadas de Protocolo COVID-19 se habla con gran interés de cómo los actos presenciales comparten protagonismo con los virtuales. Esta modalidad se adoptó como solución a unas circunstancias excepcionales. Sin embargo, erradicadas o no estas circunstancias, los actos virtuales han adquirido protagonismo propio y han llegado para quedarse.
En la organización de actos ya se habla con asiduidad sobre los eventos híbridos, es decir, aquellos que se celebran tanto a nivel presencial como virtual. Sin embargo, los profesionales manifiestan sus dudas, o sus gustos, en relación a ellos. ¿Emocionan igual? El acto presencial es calificado como el generador de emociones, mientras que al virtual se le sitúa en una posición menos favorecedora al respecto. Y creo que esto es injusto.
¿Qué sentiste cuando viste en la gran pantalla La vida es bella? O ¿has podido disfrutar de la obra Romeo y Julieta en un teatro? Seguro que todos nos emocionamos en estas dos situaciones tan diferentes, pero con un mismo resultado. Sin embargo, ¿dónde está la clave? Pues en la historia.
Relátame una buena historia y me dará igual el formato. Desarrollar la historia
Hacer realidad un evento es muy parecido a escribir una historia.
En primer lugar, es necesario desarrollar la historia, en nuestro caso el evento, y para conseguirlo tenemos que contemplar los siguientes pasos, los mismos que ha de seguir un escritor:
 Comenzar con los personajes, los principales y los secundarios, es decir, comenzar con la tipología de nuestro público.
 Considerar el marco de la obra, es decir el lugar y el tiempo en donde se va a
desarrollar la historia, el evento.
 Averiguar la historia interna, es decir, los conflictos psicológicos de los personajes que les llevará a tomar unas decisiones y no otras. En nuestro caso, este punto se refiere a conocer a la institución que promueve el evento en relación a su capacidad presupuestaria para ejecutarlo, a los activos con los que cuenta, a sus directivos, etc.
 Hacer coincidir la historia interna con la externa, es decir, buscar los puntos de
conexión entre la historia del evento y la de su institución, de este modo obtendremos coherencia y fiabilidad en el mensaje y, en consecuencia, en la entidad organizadora.
 Comprender las limitaciones del escenario. Este conocimiento nos ayudará a
aprovechar el espacio de una manera más eficaz.
 Leer un poco de drama, es decir, revisar las obras que el autor ha leído y que le han gustado y, de esta manera, obtener un conocimiento práctico. En la organización de eventos este conocimiento práctico también es muy importante, hay que conocer lo que han hecho otros, o lo que hemos hecho nosotros en otras ocasiones, para poder avanzar y no caer en errores pasados.
Es la hora de escribir el borrador, y en esta etapa también se dan ciertas condiciones:
 Escribir un borrador exploratorio, en nuestro caso escribir el anteproyecto del evento.
 Mantener la obra lo más pequeña posible. Aquí es necesario recordar la importancia de la claridad, concisión y concreción.
 Encontrar las voces de los personajes, es decir su estilo. En la organización de eventos este punto se traduce con el papel a desarrollar por nuestros invitados al acto.
 Revisar lo escrito.
Y llegó el momento de dar formato a la obra con los siguientes requisitos:
 Dividir la trama es escenas o actos y, en similitud, dividir nuestro acto en las diferentes acciones en las que se va a desarrollar.
 Incluir las instrucciones para el escenario. Indicar todo lo necesario para la
escenografía del evento.
 Etiquetar el diálogo para cada personaje, es decir, concretar la acción, lugar y tiempo de los personajes del acto.
 Escribir las páginas preliminares que en nuestro caso es el programa del evento.
Como podéis comprobar escribir un relato no es muy diferente a escenificar un evento.
Solamente hace falta un ingrediente fundamental, la historia, la idea. Esto también conlleva la coherencia entre todos sus elementos, una necesidad sobre la que hablo en el artículo El acto y su objetivo se deben cohesionar y que te invito a leer.
«Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor y, como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad»: La vida es bella.
Mª del Carmen Portugal Bueno