Estoy agotada y eso que debería comenzar septiembre con energía, el primer mes del año para los que nos dedicamos a la formación.
Un agotamiento tanto físico como mental y que titulares como este, «Las empresas relacionadas con la organización de eventos auguran “el peor otoño en décadas”», no ayudan al optimismo.
En estas circunstancias, me acuerdo de aquel abril de 2020, tiempo en el que mi hijo el mayor me ilusionaba el futuro compartiendo las tardes con faenas de jardinería.
Eso de sembrar, cultivar y cosechar adquiere otra dimensión cinco meses después.
Sembrar: esparcir, publicar una noticia para que se divulgue. Sin la menor duda, tú como yo, has compartido y extendido por todos los medios a nuestro alcance el mensaje de «sigo aquí».
Cultivar: poner los medios necesarios para mantener y estrechar el conocimiento, el trato o la amistad. Sin la menor duda, tú como yo, has aprovechado el tiempo, robado a las relaciones sociales y profesionales, para mejorar y avanzar en nuestra profesión. Y, seguramente, nos hemos saludado en algún momento virtual.
Cosechar: ganarse, atraerse o concitarse simpatías, odios, fracasos, éxitos, etc. Sin la menor duda, tú como yo, nos deseamos un final de verano, y comienzo de otoño, repleto de éxitos y de oportunidades.
Así que, abandono mis quejas y me coloco la mascarilla para hacer mío ese eslogan tan afortunado de una entidad bancaria: las remontadas son nuestras.
Quiero concluir este artículo aconsejándote otro que publiqué hace tiempo, pronto hará cinco años, titulado La otra historia de la guía del ceremonial de la Iglesia. Se trata de una vivencia personal que en su día me animé a compartir en abierto con el objetivo de ayudarme a mí misma y, quizás, también a otros.
¡Buen septiembre y a por el punto de partido!


Mª del Carmen Portugal Bueno