Continuamos adentrándonos en el concepto de “protocolo”, no tanto para definirlo, lo que dejamos para los especialistas, sino para sacar a la luz los inevitables ecos que resuenan en el inconsciente colectivo: cosas de casas reales y reyes…

Lo cierto es que en nuestros días, para los profesionales, el protocolo que se aplica en la Casa Real es un referente ineludible por el hecho de ser la JEFATURA DEL ESTADO. El Rey, en tanto jefe del Estado, es la más alta representación y un símbolo que arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones y las relaciones internacionales. Desde esta perspectiva, es lógico y de obligado cumplimiento que el profesional de protocolo conozca y tenga como referente
las normas protocolarias que emanan del Real Decreto 2099/1983 por el que se aprueba el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado, implantado por el nacimiento de una nueva estructura de poderes e instituciones, con el fin
de dejar atrás el modelo de la época franquista, con la misión de articular la nueva imagen política y administrativa de la Nación.
La ordenación de precedencias, dentro del régimen del protocolo del Estado, pretende dar respuesta a la necesidad de regular en los actos oficiales el lugar que corresponde a la Corona, a las autoridades, instituciones, corporaciones y
personalidades del Estado como símbolos representativos nacionales.
Por lo tanto, es normal que los criterios o líneas maestras que se aplican alrededor de esta normativa estatal y en los más altos organismos nacionales tengan su traducción en la organización de actos y/o eventos en el perímetro de
lo privado, incluyendo la organización de celebraciones y banquetes, que es el tema que nos ocupa.
De este modo, en el ámbito EMPRESARIAL o de cualquier INSTITUCIÓN u ORGANIZACIÓN, hay un propósito, unos objetivos, unos valores y unas políticas generales que el buen protocolo siempre tendrá en cuenta en la organización
de sus eventos, sean éstos de carácter interno o externo, públicos o privados.
En este punto, tomando como referencia una conferencia que pronunció don Alfredo Martínez, jefe de Protocolo de la Casa de Su Majestad el Rey, desde su departamento se acomete cualquier acto bajo cuatro enfoques del Protocolo:

1.- Protocolo como ORGANIZACIÓN: metodología y planificación. Aplicado a actos propios, viajes internacionales, audiencias, o a un banquete o celebración. Identificando el “Porqué” el “qué”, “quién” y el “cómo”, lo que comporta una claridad de ideas que, como responsables de protocolo, hay que tener.
2.- Protocolo como CONJUNTO NORMATIVO: tener todos los conocimientos necesarios en cuanto a precedencias, legislación, regulación y todas las normas que puedan afectar a la buena organización de un acto.
3.- Protocolo como FORMA: Ceremonial y Etiqueta. Desarrollando los contenidos y formalidades para la celebración de un acto y las reglas que como organizadores deseamos que se observen según el protocolo que hemos determinado.
4.- Protocolo como PROYECCIÓN DE IMAGEN: comunicación estratégica. Nos ayuda a posicionarnos de forma correcta, transmitiendo una serie de valores acordes con las políticas generales de la entidad para la que estamos trabajando.

Desde estas cuatro perspectivas, el PROTOCOLO se convierte en una disciplina esencial para co-construir un sentido común en el ámbito empresarial, académico, institucional, deportivo,… incluso particular, definiendo y desplegando unas actuaciones precisas para proyectar la adecuada imagen que una entidad quiere trasladar a la sociedad.
Por ello, necesariamente, el profesional de protocolo ha de tener una adecuada preparación multidisciplinar para conocer y tener en cuenta todo lo que le rodea y no alejarse de la realidad y poderse acoplar y evolucionar junto a los
nuevos retos que la sociedad plantea. Por ello, ya que estamos en esta Escuela de Hostelería y Turismo, afirmar rotundamente que no somos hosteleros, pero debemos tener suficientes conocimientos para poder plantear exactamente el tipo de comedor, de mesas o el adecuado servicio de los alimentos para conseguir los objetivos propuestos.
En este sentido, el Protocolo es una disciplina transversal que puede coincidir o no, con las realidades de otras disciplinas como las Relaciones Públicas, el Marketing, el Diseño de espacios, la Psicología Sistémica, las Relaciones
Internacionales o la propia Hostelería que es lo que nos ha traído aquí… esos son sólo algunos ejemplos de ámbitos competenciales bien distintos, pero en ocasiones muy próximos, a los que verdaderamente identifican y ajustan el
perfil del profesional de protocolo.
(Continuará…)

Catalina Barceló