20 de abril de 1992. 9 de la mañana. A esa hora comenzaba la cita internacional que bajo el título de ‘La Era de los Descubrimientos’ convirtió a Sevilla, en un auténtico escaparate durante seis meses.

Un semestre en el que la ciudad se convirtió en capital del mundo, acogiendo y reflejando a diario miles de eventos, todos ellos con notable éxito.

Ahora que celebramos este 25 aniversario, mucho se está hablando acerca del patrimonio histórico, arquitectónico e incluso artístico que nos ha legado pero hay algo más, algo inmaterial que también nos dejó: una nueva manera de concebir el Protocolo.

El descubrimiento del Protocolo como una herramienta fundamental para la organización de eventos de todo tipo, de ocio, culturales, empresariales, y lo que es más importante, que se celebraban para todos, sin ningún tipo de exclusión.

No fue algo improvisado, bien lo saben sus organizadores. El trabajo previo fue arduo, y muchos los detalles a tener en cuenta partiendo de algo tan básico como es la concienciación de todas las entidades y personas participantes.

De este modo llegaron a ser miles las referencias a la organización de actos que nos podemos encontrar en las hemerotecas nacionales e internacionales: Se atendieron 32.531 visitas preferentes y 16.927 VIP; se celebraron 42.656 pruebas deportivas y representaciones, hubo 55.000 actuaciones culturales… Un programa que, a diario, se completaba con dos eventos fundamentales: la cabalgata y el espectáculo del lago.

Durante los 176 días que duró la Exposición Universal, se recibieron 41’8 millones de visitas. Unas 290.000 personas al día y en total fueron atendidas 67.433 personas con necesidades especiales que lograron participar con total normalidad de las exposiciones, actuaciones, charlas, proyecciones,… organizados en los pabellones de 112 países, de las 17 comunidades autónomas españolas, de 23 organismos internacionales y de seis empresas privadas.

Con estos datos tan apabullantes podemos comprobar que fueron muchos los techos de cristal que rompió esta Exposición Universal, desde los recelos de su celebración, pasando por las trabas y las contingencias de su preparación pero logró llegar a la consecución de la organización de miles de eventos totalmente accesibles para personas con necesidades especiales.

Se superaron todas las barreras, físicas, sociales y actitudinales de modo  que no hubo restricciones a la participación y esto enriqueció al Protocolo, o viceversa, gracias al Protocolo se enriquecieron los actos.

Y con esto como ejemplo, creo que es necesario señalar que los profesionales de Protocolo aprovechamos este impulso para mejorar nuestro nivel de compromiso, aplicando las fórmulas que permitían adaptarnos a los requerimientos de la sociedad y actuar en coherencia con la legislación vigente, lo cual no nos olvidemos, ha logrado que las instituciones y las empresas lleguen a todos sus públicos, incluyendo a más de 4 millones de personas con discapacidad en España

La Asociación Española de Protocolo también está a punto de cumplir sus bodas de plata y es preciso reconocer que, la celebración de la Expo’92,  supuso un punto de inflexión. Un cambio en la mentalidad que propicio un gran impacto profesional. Un salto cualitativo y cuantitativo que últimamente ha logrado potenciar nuestro trabajo gracias a la implantación de la formación académica reglada.

El Protocolo encontró su lugar pero en su reconocimiento, sobre todo social, aun queda mucho camino por recorrer. En la mente de muchos públicos aún no se entiende el papel que desempeña como herramienta de comunicación.

Ahora, 25 años después de la apertura de las puertas en la Isla de la Cartuja de Sevilla nos vamos a seguir implicando, reivindicando nuestro papel pero manteniendo vivo el espíritu del descubrimiento, de la innovación y las ganas de superación.

Y finalmente, como no puede ser de otra manera, hoy, pasado un cuarto de siglo, quiero con estas líneas rendir un sincero homenaje a todos los compañeros y compañeras de profesión que, en las instituciones públicas y privadas, innovaron y se volcaron sumando esfuerzos para conseguir un éxito rotundo trazando un camino que en esta profesión muchos seguimos.

Maria José Flujas – Delegada Territorial AEP Andalucia y Responsable de Protocolo ONCE Delegación Territorial Andalucia, Ceuta y Melilla.