El otro día comentábamos con un ex senador de la pasada legislatura, la decisión por parte dela Cámara Altade adquirir “pinganillos” para que sus excelencias siguieran sin problemas las sesiones cuando se produce alguna intervención en lengua vernácula. Como quiera que se trataba de un político nacionalista, por coherencia, defendía la incorporación de estos sistemas de traducción simultánea, dado además que el Senado funciona-o al menos debería funcionar- como una cámara territorial.
Hablábamos si en unos momentos como los presentes, en los que la cuestión económica afecta a nuestra vida cotidiana, el destinar unos fondos para esta compra, no podrá resultar llamativo de cara a la ciudadanía que no hace otra cosa que ajustarse el cinturón, aunque ya no le queden agujeros y muchos ya casi sin cintura.
Enseguida subrayó que esa partida no implicaba un aumento de los fondos propios de la cámara, sino que se suministraba retirándolos de otras partidas, como por ejemplo, dijo, de “Protocolo”. En ese momento, la conversación cambió de sesgo. Siempre es “protocolo”, pensamos. La verdad es que estos llamados quizás eufemísticamente “gastos de protocolo” para muchos no dejan de ser un fondo de reptiles del que echar mano según las circunstancias. Hoy se paga una comida, mañana un viaje, pasado un regalo, etc.
Lo malo de todo esto, es cuando dentro de esos “gastos de protocolo” se incluye el operativo y el funcionamiento del departamento responsable del área, y que a la hora de reducir tales fondos, afecta al lote completo. Lo decimos más que nada para prevenir. Porque si para algunos se puede mermar este capítulo, considerando que muchas veces no dejan de ser gastos suntuarios, aunque por su vicio acaban convirtiéndose en suntuosos, pues puede pensar que también sobra personal que atienda este gabinete. Ese es el craso error en el que en muchas ocasiones acaba viéndose involucrado el profesional. Acaba siendo personal asimismo prescindible.
Y lo peor es que para otros muchos, ven normal que se supriman áreas de protocolo, que se reduzca drásticamente el equipo…total, para qué necesitamos a estas personas, si lo que hay que hacer lo hace cualquier otra persona que atienda una secretaría. Pues no, que no es así, que el profesional de protocolo tiene una función perfectamente delimitada y que hoy en día su nivel de preparación ya es universitario y por lo tanto, con los mismos derechos que cualquier otro experto que desarrolla su trabajo en otro ámbito profesional.
Entre todos, profesionales, asociaciones, universidades, tenemos que concienciar a la sociedad de que es necesario contar con expertos y profesionales en esta materia del protocolo y la organización de eventos, que su trabajo jamás será accesorio, sino que es tan fundamental como cualquier otro. No somos prescindibles.






I have to say i am very impressed with the way you efficiently site and your posts are so informative. You have really have managed to catch the attention of many it seems, keep it up!