Como se ha informado, el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, ha presentado enla Conferencia Sectoriala los consejeros del ramo de las distintas autonomías, el proyecto de reforma de las enseñanzas mínimas contempladas en “Educación parala Ciudadanía” (EpC). A resultas de este encuentro, podemos deducir que sigue sin existir unanimidad en la forma de asimilar estas propuestas en dicha asignatura, con lo que continuará siendo controvertida.
Para unos representantes hay cosas que sobran y para otros, que faltan. Unos quieren interpretarla a su albedrío en función del margen que tienen para adaptar los contenidos- País Vasco, Cataluña y Andalucía- y alguno- Comunidad de Madrid- piden su supresión.
Se trata de no herir la sensibilidad de ninguna comunidad autónoma, en palabras dela Secretariade Estado de Educación, quien de paso no descarta incluso un cambio de nombre o contenido o hasta la desaparición de la asignatura. Resumiendo esa reunión: una Educación parala Ciudadaníaque no “hiera sensibilidades ni imparta doctrinas”. Pues lo tienen bien fácil. Basta con darle un sesgo al objetivo final de esta materia y como repetidamente hemos manifestado, incluir contenidos cuyo propósito no sea otro que educar al ciudadano para la convivencia, pero en vez de interpretar sentimientos ideológicos, siempre subjetivos y muy sensibilizados socialmente, inculcarle al alumno valores sociales como los principios básicos que regulan nuestro comportamiento en sociedad: urbanidad, educación, buenos modales, o sea, lo que entendemos los profesionales como Protocolo Social y que hace pocos días en esta misma ventana digital reclamábamos su inclusión como una disciplina lectiva reglada.
Porque, además, hay determinados temas que, exentos de apósitos doctrinales no hieren ninguna sensibilidad, porque están fundamentados en el sentido común, que es lo que ocurre con las normas de convivencia que regulan nuestro comportamiento ciudadano basadas en parámetros estrictamente de urbanidad y civilidad: saber saludar, saber comer, saber tratar a los demás, saber estar en espacios públicos, entender los códigos sociales de la vestimenta y la conversación… y podíamos seguir enumerando más conceptos relacionados con esta materia que se resumen en una sola expresión: tener educación. Porque un buen ciudadano, es siempre aquel que actúa educadamente y la educación conlleva respeto hacia los demás y hacia todo aquello que nos rodea sin necesidad de darle tintes ideológicos-doctrinales o siquiera ambientales. Una persona debidamente educada, sabe tratar y respetar a sus conciudadanos al margen del color de la piel, religión, sexo o ideología y sabe que hay que conocer el marco constitucional en el que se desenvuelve y sus leyes fundamentales, respetar sus símbolos y que tiene que mostrar esa misma actitud por todo lo material que le rodea.
Bajo estos presupuestos, a buen seguro que nadie pondría en entredicho, como está ahora mismo sucediendo, la vigencia de esta asignatura. Es pues el momento de optar por otra alternativa.




