
A través de su lectura, Esther, nos acerca a las costumbres que se han perdido y valía la pena conservar, a las que más nos molestan y a algunas que pueden, incluso, agradarnos.
Todo con el humor y el desenfado que le proporciona la experiencia de una vida bien vivida. Además, el libro se complementa con numerosas ilustraciones y un decálogo final que no hay que olvidar cuando tratemos con nuestro prójimo.
En una entrevista concedida a El Periódico comenta “…Me irrita la gente que en el restaurante en una carta de 800 platos pide siempre el que no hay o quiere el primero con la salsa del quinto. O la que siempre tiene frío y te obliga a morirte de calor. Pero los delitos realmente graves son la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, el no ayudar a la gente en apuros, el racismo, o los ricos, que mientras hay gente que ahora lo está pasando muy mal, se lamentan y quejan por tener que pagar herencias o impuestos. Es mezquino…”
“Con este libro –ha comentado la autora en una entrevista a Europa Press– intento ayudar a hacer una sociedad más cómoda, más justa y menos egoísta”.
La impuntualidad, la falta de agradecimiento, el egoísmo y la falta de decoro con los mayores son algunos de los temas.
Como veis no tiene desperdicio.
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