Un cuarto de siglo de protocolo asociado 

Llegué al mundo del protocolo desde la comunicación. Había terminado mi Licenciatura en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y en los primeros años de la década de los ochenta, iniciaba mi andadura informativa en un periódico local y en una agencia de noticias. Luego ingresé en el Ayuntamiento de Aranjuez para cubrir la plaza de jefe de prensa del consistorio pero pronto, desde la alcaldía, me encomiendan la organización de actos públicos municipales e institucionales. Entonces, el gabinete municipal se denomina de prensa y relaciones públicas y se convierte en una especie de cajón de sastre donde se hace de todo: invitaciones, presentaciones, fotografías, atención a invitados…

Con el tiempo y los vaivenes políticos, el ayuntamiento va precisando de alguien que se ocupe, de forma profesional, de aquello que tiene que ver con la imagen municipal y el protocolo oficial. Es entonces cuando me acerco, por primera vez, a la formación en este campo, de la mano de Francisco López Nieto, pionero en definir y clarificar las normativas y elementos protocolarios que concurren en actos municipales. Un curso, unos libros y varios sabios consejos me ponen en el camino que otros compañeros también iniciaban desde gabinetes de prensa municipales. Me intereso, entonces, por los argumentarios, estudios y planteamientos de los Maestros de nuestro protocolo oficial. Devoro, con pasión, los manuales de Felio A. Villarrubias y José Antonio de Urbina, a los que conozco personalmente entonces, coincidiendo en charlas, seminarios y congresos. Me empapo de las enseñanzas del embajador Tomás Chávarri, jefe de Protocolo del Estado, que me introduce en la faceta internacional del protocolo oficial. Y asisto a los primeros pasos de la Escuela Internacional de Protocolo, centro adelantado en el diseño de enseñanzas propias de la profesión, que me reconocería en 2003 con su Medalla de Oro, por mi humilde aportación a la reglamentación protocolaria municipal.

Mis inquietudes coinciden con las de un grupo de jóvenes profesionales que compaginan la formación académica con la defensa de esta profesión. Allí se planta la semilla de mi amistad y admiración hacia Carlos Fuente, con quien ahora comparto responsabilidades y compromisos en esta asociación que nacía, hace un cuarto de siglo, a caballo entre el XX y el XXI, alrededor de la persona que logró consensuar sensibilidades y voluntades para dar vida a la Asociación Española de Protocolo: la recordada, respetada y reconocida María Carretero. Formé parte de su Junta Directiva y luego seguí colaborando estrechamente con su fiel continuadora en la presidencia: Cristina de la Vega. En ese camino, me cruzo con un alma gemela en lo que a defensa de esta profesión se refiere: mi amigo Juan Ángel Gato, Presidente de la AEP, que me llama para formar parte de su equipo y me honra ofreciéndome la vicepresidencia que ostento. A su lado y con la misma fuerza y compromiso, me enorgullece coincidir en este camino, con verdaderos compañeros y amigos, de los que he aprendido y aprendo: Javier Aguado, Eva Barja, Juanjo Feijoo, María José Flujas, Julia Gil, Arancha de la Mata, Gema Martos, Juan Antonio Osuna, Lourdes Roig, Arturo Sánchez, Javier Úbeda, Alfonso Yagüe… Y dando continuidad a este proceso, desde la Secretaría de la AEP, la eficiencia y el buen de hacer de Belén López y Catalina Barceló. Se me quedan nombres en la memoria cercana (Nacho, Vicente, Oscar, Jara, Flor, Daniel, Antonio, Ana María, José Antonio, Juan Manuel, Santiago, Arturo, Rafael…) y les pido disculpas desde la indulgencia que me concede su grata amistad, como aquellos cuyas trayectorias se cruzaron con la AEP y siempre nos ofrecen su colaboración, como Julio Cesar Herrero, Ignacio Martínez, Priscila Garrosa, y tantos mas…

Veinticinco años, nuestros primeros veinticinco años, que nos motivan a seguir en la defensa diaria de esta profesión, que ha dado verdadero sentido a la palabra protocolo.

Gracias, a todos, por seguir ahí.

Ramón Peche Villaverde

Vicepresidente II