La literatura nos permite ver el mundo desde principios y perspectivas distintas. Hace 25 años, cuando todavía no escribía ficción, y recién me estrenaba en el mundo laboral, todo mi tiempo lo entregaba al periodismo desde la realidad y a la Comunicación Institucional y a las Relaciones con los Medios en una empresa cultural. Fue en ese momento cuando decidí acercarme al mundo del Protocolo a través de unos cursos que se impartían en la Cámara de Comercio de Madrid.
Era toda una novedad. La empresa en la que había comenzado a trabajar hacía muy poco, tuvo a bien entender la importancia que yo le daba a la conveniencia de lo que para mí era el Protocolo: Facilitar el fondo de las cuestiones, desde la forma, y observar el mundo del entendimiento, desde la cercanía… Porque el diálogo bien entendido y
bien articulado, ya lo intuía entonces, es la más grande de las sorpresas. Para mí, desde luego, lo fue.
En la Cámara de Comercio nos encontramos personas entusiastas de muy diferentes procedencias, pero con una mirada común. Y ocurrió algo bueno. Aprendimos, no solo de nuestros profesores sino también de nosotros mismos a través de nuestras preguntas; distintos puntos de vista intentando conseguir, por ejemplo, la mejor Presidencia en una mesa realmente complicada dentro de un hipotético encuentro internacional. Ignorábamos el cansancio, aunque la jornada
profesional de la que veníamos cada uno, ya era larga… Unos venían del mundo de la Diplomacia, otros, como yo, de la Comunicación, pero también había enormes sorpresas –fascinantes para mí- como aquellas que traían entre hilos los increíbles profesionales del mundo de la Sastrería de Palacio, que también estaban por allí. Así lo recuerdo. Mucho que aprender. Fue imperativo, en el Curso, un proyecto final al que nos fuimos sumando a mano alzada con esa inconsciencia que se tiene cuando uno no sabe la dificultad que se esconde detrás. Pero lo conseguimos; terminamos nuestro proyecto.

Así nació la Asociación Nacional de Protocolo.
La vida, sin duda, es un mantel. Un mantel que espera los brindis, los discursos. Un mantel sobre el que caen las cosas y llegan las migas, las manchas. La vida. En realidad, la literatura podría ser ver la vida detrás de un visillo. Nos asomamos y vemos a seres humanos que hablan, y sienten, y sufren, y gozan. Dialogan. Facilitar el ambiente para el diálogo en la ficción es algo que me gusta especialmente. Los personajes hablan. Dialogan. Creo que Las Humanidades traerán una maravillosa revolución. Y cuanto más se ignore en las aulas a la filosofía, las bellas artes, y el pensamiento en
general, más hermosa y necesaria será esa revolución. Porque un artista, un pensador, un narrador, sabe demostrar en cada obra, lo que es ponerse en el lugar del otro. Y ahora que se cumplen 25 años de la AEP me lo vuelvo a preguntar. ¿No es acaso el olvidarse de uno mismo, no es acaso el diálogo, el principio de todo?

La sociedad está interconectada a una velocidad pareja con los mismos hechos. Todos disfrutamos de la inmediatez y la fascinante capacidad de las herramientas tecnológicas. Pero una cosa es la Comunicación y otra, bien alejada y distinta, es el Diálogo. El mundo está lleno de debates, monólogos, ruedas de prensa. El hombre se adhiere a su máquina y la máquina se introduce en el ser humano; la eficacia del 24/7 es el motor que rige todo porque todo lo que importa
es lo cuantificable, lo que se puede contabilizar. Sin embargo, algunos, reivindicamos el valor de lo intangible, lo inconmensurable. Ahí se encuentra, por ejemplo, el diálogo. Se debería reivindicar este valor como una virtud, no sólo individual, sino también colectiva.

El anhelo del entendimiento, el goce del aprendizaje, del cuestionamiento; el esfuerzo. Esas fueron las bases que me hicieron pensar en Protocolo un día, años previos a caer rendida en los brazos de la ficción. En realidad, ambas cosas se parecen. Todo pasa por olvidarse de la individualidad, aunque sea, una vez. Eso es la literatura para mí: ponerse en el lugar del otro, y vivir intensamente.
Desde esta página, que pudiera ser un hipotético mantel de color blanco, alzo mi copa por la Asociación Española de Protocolo. Felices 25 primeros años.
Almudena Solana
Socia Fundadora de la AEP.
30 de octubre, 2017.