No es la primera vez, y seguro que tampoco será la última, en la que hagamos referencia al uso de la bandera como elemento protocolario. Generalmente, lo hacemos precisamente por el “mal uso” o uso incorrecto de la misma.
Hace pocos días, Carlos Fuente en su blog hablaba de “Bandera a la carta”, refiriéndose a la situación caótica en cuanto a la interpretación de la colocación de esta enseña.
Pues bien, la cosa es que a veces las modas, pretenden ser más impactantes que la propia norma o la tradición y hoy en día, lo que parece que prima es la foto. Ya lo decía el anterior presidente del Gobierno “lo importante es la foto”. Y porque todo queda consagrado al llamado “escenario mediático” en el que deambulan los representantes institucionales.
El caso es que el pasado lunes, viendo por televisión la rueda de prensa que ofreció Mariano Rajoy en el Palacio dela Moncloa, captada en un plano medio, nos llevamos un sobresalto, pues el ángulo de la cámara ofrecía una imagen en la que, como observadores, estábamos viendo la enseña de Europa a nuestra izquierda y la de España a la derecha. Rápidamente nos cayó encima y de golpe seco todo el peso de la ley 39/81 de 28 de octubre y ese insidioso párrafo que dice que la bandera española ondeará en lugar preeminente, entendido éste cuando hay dos enseñas, como el que corresponde a la izquierda de quien la mira. No tiene ciencia. Está todo inventado y no admite modas.
Pero cuando el plano se abrió y la cámara nos permitió uno general, descubrimos que lo que pasaba es que el presidente del Gobierno comparecía ante los medios flanqueado por dos juegos pares de banderas, la de España yla UniónEuropea-debidamentesituadas- y por ese motivo, en el plano medio, sólo aparecían dos enseñas y tal como estaban, ya pensábamos que se había cometido otro lapsus y nuevamente se vulneraba la ley.
En este caso, fue un “sobresalto mediático” antes que protocolario, afortunadamente, pero es que ya en primera instancia no nos sorprendía nada.
Habrá que crear un manual de estilo para que los profesionales de la comunicación gráfica o audiovisual tengan una noción de cómo captar una imagen con sentido institucional interpretando el lenguaje protocolario; porque realmente, quedaba como muy “puesto” el presidente en la pantalla flanqueado por sendas banderas. Una imagen muy “enmarcada”.
O también, a lo mejor, los profesionales del protocolo, tienen que empezar a medir la proyección e interpretación de la imagen resultante cuando disponen de las banderas. Si nos preocupamos muchas veces por los “fondos” de escenarios para evitar fotos peculiares, como por ejemplo, personas que luego aparecen en la imagen “coronadas” o “astadas” o retiramos ese exceso de vegetación en el frente de una mesa para evitar que ese representante institucional se asemeje a un explorador en plena selva, por qué no hacer lo mismo con otros detalles que sobrepasan el mero ornato.
Solo es una idea para madurar.




