El Congreso no es un escaparate

Nuestra ilustre Cámara de los Diputados- ilustre porque  acoge a “señorías ilustrísimas- de un tiempo a esta parte da la impresión que  está perdiendo un poco la finalidad por la que nació, como es ejercer como un foro de debate y una institución de donde emanan nuestras leyes, esas mismas que algunos representantes públicos no respetan, como por ejemplo, la de la bandera de España, como en alguna ocasión hemos comentado. Como decimos, y sin ánimo de exagerar, el Congreso está corriendo el riesgo de convertirse  en un escaparate donde cada cual exhibe lo que le apetece y no estamos hablando de maneras, que es ya otra cuestión igualmente cuestionable.

Estamos hablando de exhibir desde banderas independentistas hasta un candil, como hemos comprobado en los recientes debates parlamentarios celebrados en este noble edificio de la carrera de San Jerónimo flanqueado por dos hermosos leones de piedra que, de vez en cuando, alguna que otro diputado tiene la ocurrencia de ponerles una bufanda con los colores de su club de fútbol…

Es obvio que sus señorías apoyen sus propuestas con argumentos, pero siempre, desde un punto de vista dialéctico y nunca materializando- o escenificando- su intervención mediante la exhibición de objetos. Es como si quien presentase, por ejemplo, una propuesta para mejorar el regadío de la huerta, compareciese portando una regadera automatizada.

Una cámara legislativa de representantes cuyo papel está consagrado porla CartaMagna, implica un compromiso con ella por parte de quienes pertenecen a la misma en su condición de diputados, teniendo en cuenta que esa institución “representa al pueblo español” y que “ejerce la potestad legislativa del Estado”, tal como dice nuestra Constitución. Y cualquier parlamentario, además, tiene que asumir la normativa propia de su cámara y cuyo artículo 16 dice que ”está obligado a adecuar su conducta al Reglamento y respetar el orden, la cortesía y la disciplina parlamentarias”. Y el 103, prescribe que será llamado al orden “cuando profieren palabras o vertieren conceptos ofensivos al decoro dela Cámarao a sus miembros, de las Instituciones del Estado o de cualquiera otra persona o entidad”.

Claro que el Reglamento no especifica si exhibiendo algún artilugio con ello se falta al decoro, al margen de que sea un hecho anecdótico sin más; pero se entiende implícito que el buen decoro es el orden y el orden es que cada cual suba a la tribuna de oradores a pronunciar su discurso ateniéndose a las más comunes reglas de la oratoria, donde es la palabra el único instrumento que deben utilizar para reforzar sus ideas o pensamientos. Todo lo demás sobra…por muy mediático que crea que resulta quienes así actúan.

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