Queridos Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar – los de siempre y toda la vida, esos mismos que ponemos en los belenes -, os envío esta carta con el deseo de que podais cumplir mis peticiones.
Ni que decir tiene que este año he sido muy bueno, por lo que los carbones se los dejaís a quienes todavía utilicen esta fuente de energía para calentarse en este gélido invierno y de paso, se sigue contribuyendo a que esta minería no se extinga. Por supuesto que os dejaré el vaso de leche y las galletas, eso sí, de marca blanca, porque la cosa no está como para gastarse los eurillos en firmas. A fin de cuentas, lo que importa es entender el galimatías del código de barras que dicen te garantiza como consumidor la fiabilidad del producto.
Tras este preámbulo, paso directamente a dejar constancia de mis peticiones en esta carta porque sigo creyendo y tengo la certeza, que sois los únicos que todavía teneis magia para conseguir que las ilusiones se conviertan en realidad- por ese motivo jamás os presentareis a ningunas elecciones políticas -.
Deseo que quienes trabajamos en el protocolo podamos demostrar la importancia de esta profesión y ocupar el lugar que nos corresponden como tales en la sociedad del siglo XXI.
Deseo que empresas, instituciones, corporaciones y organismos públicos se percaten de la necesidad de contar en sus equipos asesores con expertos en protocolo y ceremonial.
Deseo que se de una oportunidad a quienes, con una formación reconocida académica y oficial, están en condiciones de ofrecer sus servicios como especialistas en la materia de ceremonial y protocolo.
Deseo que se cuente con el asesoramiento profesional de cualquier experto en protocolo para la gestión y organización de un acto, pues sólo él está facultado y legitimado para esta tarea.
Deseo que se erradique cualquier intrusismo y competencia desleal en nuestra profesión, pues sólo así garantizaremos una gestión profesional, sin fisuras ni ingerencias extrañas.
Deseo, en definitiva, que con vuestra magia, podamos los expertos y profesionales en protocolo, ejercer nuestro trabajo con pleno reconocimiento público y social y consolidar así nuestro estatus profesional.
Espero, queridos Reyes Magos, que leais esta carta con el mismo afecto con el que yo la he escrito, pues ha salido del fondo de mi corazón, aunque con mis deseos vívidos en mi cerebro. No os pido ni oro, ni incienso ni mirra, sólo que abogueis por el protocolo y el ceremonial que la mayor parte de las ocasiones, también tiene mucho de ilusión y de magia.




